Son muchas las historías exóticas susurrantes en los oidos y la imaginación de mi infancia lejana. Cuentos de las mil y una noche aderezadas por sútiles danzas de los siete velos mientras la audaz Serezade despliega fantasías que salven su cabeza hasta el siguiente anochecer.
Paisajes no visitados; dificultades desmedidas vencidas al compás del melodíoso deambular por las cuerdas de un concierto emulando a Korsakov. Ojos y oidos se quitan la venda en el mecerse del panomarama envolvente lleno de olores a especias y tactos aterciopelados.
¿Podré contar a mis nietos estas leyendas de Oriente sobre mujeres con velo o tendré que reinventar( lejos de adornar) las realidades dramáticas del siglo XXI de este Oriente?¿ Serán las mujeres y los hombres de carne y hueso los que empiecen a escribir sus propias historias construyendo encadenadamente opciones y posibilidades de futuros por escribir y de nuevos diálogos por hablar?
Sabidurías femeninas en un compás libre... a piacére... aún por compartir.
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